Querido Martín:
Aún me da la impresión de que fue ayer cuando te vimos por primera vez, y, al mismo tiempo, me parece que hace siglos de aquella otra vida en la que tu padre y yo vivíamos solos y salíamos al cine casi cada viernes.
El calendario nos marca que hace algo más de 18 meses desde aquel jueves de Diciembre en el te dijimos hola, y, pasado este tiempo, tu padre y yo hemos empezado a preocuparnos por tu futuro. Ahora que ya le hemos cogido el truco a esto de ser padres, que ya empiezas a jugar al fútbol y que has aprendido a bajarte de un sofá sin hacerte daño, nos hemos puesto a pensar en qué podríamos hacer para que el día de mañana tengas la mejor vida posible.
El calendario nos marca que hace algo más de 18 meses desde aquel jueves de Diciembre en el te dijimos hola, y, pasado este tiempo, tu padre y yo hemos empezado a preocuparnos por tu futuro. Ahora que ya le hemos cogido el truco a esto de ser padres, que ya empiezas a jugar al fútbol y que has aprendido a bajarte de un sofá sin hacerte daño, nos hemos puesto a pensar en qué podríamos hacer para que el día de mañana tengas la mejor vida posible.
Nos encantaría tener mucho dinero, ser ricos. No para ser dueños de mansiones ni palacios, pero sí para poder veranear contigo tres meses seguidos, viajar a sitios lejanos en familia y poder recogerte los dos juntos cada tarde al salir del cole, para irnos a merendar toneladas de fresas, que es una de las cosas que más te gustan en el mundo.
También nos gustaría tener una cuenta corriente con muchos ceros para poder dejarte el día de mañana una casa bonita junto al mar, dinero para que sigas viajando y, sobre todo, para que puedas tener cuantos hijos quieras y que ellos también puedan viajar a lo largo y ancho del mundo.
Como creo que empiezas a sospechar, de momento no somos ricos, al menos en dinero. Nosotros no perdemos la esperanza: trabajamos duro como sabes y, también, jugamos a la lotería de navidad cada año por si algún día suena la flauta.
Sin embargo, tanto tu padre como yo somos conscientes de que ese gran montón de dinero que nos gustaría guardar para ti puede no llegar nunca, y, por si acaso, hemos puesto en marcha un plan B.
Sabemos que hay algo que podemos regalarte que no puede conseguirse con dinero, pero que, sin embargo, es mucho más valioso que cualquier cosa que podamos comprar para ti.
Antes de que acabe el año, a mediados de Diciembre, tu mundo va a sufrir el primero de los muchos cambios importantes que vas a vivir en tu vida. Te aseguro que no tienes de qué preocuparte porque va a ser, sin duda alguna, uno de los mejores. Tu padre y yo pensamos que un hermano es la mejor herencia que podemos dejarte, alguien que crezca a tu lado, que te entienda y te acompañe, que te ayude a levantarte cuando te caigas y que te necesite cuando tenga un problema. Una persona que estará allí cuando nosotros ya no estemos y que te conocerá tan bien o mejor que nosotros mismos.
Sabemos que al principio tendrás que hacerlo tú casi todo, pero créeme si te digo que merecerá mucho la pena. Prepárate para crecer porque en unos meses serás una persona muy importante, el hermano mayor de nuestra (cada vez menos) pequeña familia.
Papá y Mamá
PD: Para celebrar esta buena noticia, tengo preparado un regalazo para uno de vosotros. No dejéis de pasar por el blog el jueves si queréis saber más.



















